El envejecimiento activo, clave para la salud y la cohesión social en una población que envejece

Salamanca | 2025 — En un contexto de progresivo envejecimiento demográfico, las  políticas y programas orientados al envejecimiento activo se consolidan como una  herramienta fundamental para mejorar la salud pública, reducir la dependencia y  favorecer la inclusión social de las personas mayores.  

La Organización Mundial de la Salud (OMS) define el envejecimiento activo como “el  proceso de optimización de las oportunidades de salud, participación y seguridad con el  fin de mejorar la calidad de vida a medida que las personas envejecen”. Diversas  investigaciones académicas y organismos internacionales coinciden en que la 

participación regular de las personas mayores en actividades físicas, cognitivas y  sociales tiene efectos preventivos y terapéuticos de primer orden.  

Evidencias contrastadas  

Estudios recientes como el Informe sobre Envejecimiento y Bienestar de la Sociedad  Española de Geriatría y Gerontología señalan que las personas mayores que participan  en programas de envejecimiento activo:  

  • Presentan menor incidencia de deterioro cognitivo y enfermedades crónicas.  Disfrutan de mayores niveles de autonomía personal, incluso en edades  avanzadas.  
  • Tienen menos ingresos hospitalarios y un uso más eficiente de los recursos  sociosanitarios.  
  • Refuerzan sus vínculos sociales y comunitarios, reduciendo el riesgo de  aislamiento y depresión.  
  • Mejoran sus capacidades funcionales y su autoestima, favoreciendo una  percepción positiva del envejecimiento.  

Cuerpo activo, mente protegida  

Las actividades dirigidas a estimular el cuerpo y la mente —como gimnasia adaptada,  pilates, talleres de memoria o alfabetización digital— no solo mantienen las habilidades  físicas y cognitivas, sino que permiten a los participantes mantenerse actualizados y  sentirse parte activa de su entorno.  

En entornos rurales y urbanos, este tipo de programas se está revelando también como  una fórmula eficaz para reconectar a las personas mayores con sus redes sociales, así  como para prevenir situaciones de dependencia en fases tempranas.  

“Gracias a los talleres me he reencontrado con antiguas compañeras con las que hacía  años que no hablaba. Ahora nos vemos cada semana, aprendemos juntas y estoy al día  con el móvil. Lo mejor es que he vuelto a socializar con personas de mi igual, y eso me  ha devuelto la alegría.”  

— María Antonia R., 74 años  

Una inversión estratégica para el futuro  

El envejecimiento activo, lejos de ser un enfoque asistencialista, representa una  inversión social de impacto positivo en múltiples niveles. Promueve la salud, alivia la  carga del sistema sociosanitario, potencia el papel de las personas mayores como  agentes de valor, y refuerza el tejido comunitario.  

Su implementación sostenida, mediante iniciativas públicas, privadas o en colaboración  con el tercer sector, permite avanzar hacia una sociedad más equitativa, saludable y  respetuosa con todas las etapas de la vida. 

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